Dile adiós a la “niña herida”

Las situaciones dolorosas de la infancia pueden marcar experiencias en la adultez; sin embargo, transformar la relación con tu madre será un camino efectivo para sanar

¿Cuántas veces te has dado cuenta de que tus actitudes o reacciones son desproporcionadas o muy distintas a lo que tenías en mente? ¿Te has encontrado en situaciones en las que, por más que hayas analizado todo racionalmente, te dejas llevar por las emociones y actúas con poca madurez?

Cuando tienes una disociación entre lo que quieres, sientes y haces, además de una mayor susceptibilidad ante las palabras o actitudes de otras personas, puede que estés manifestando situaciones no resueltas de tu niña herida. Esto puede darse por distintos motivos o vivencias de tu pasado que por distintas razones no has sanado. Mejorar tus relaciones, específicamenrte la que tienes con tu madre te ayudará a tomar las riendas de tu vida adulta, independientemente de lo que haya sucedido en tu infancia o adolescencia.

Sal del papel de víctima

Las experiencias de tu niñez pueden marcar las actitudes, decisiones y experiencias en la vida adulta. Esto lo verás tanto en un sentido positivo como en aspectos que van a requerir más trabajo y conciencia para mejorarse y transformarse. Sin embargo, ten en cuenta que el dolor, la queja y la rabia no serán buenos aliados y tampoco útiles para llevar una mejor vida como adulta.

Abraza a tu niña herida

Una de las mejores maneras para sanar a tu niña herida es a través de limar asperezas con personas claves de tu infancia, y nada mejor que comenzar con tu madre. Perdonar, aceptar y agradecer, independientemente de lo que haya sucedido en tu vida, serán las claves para crecer y dejar atrás el dolor de tu niña herida.

1. Nada es permanente: Si tomas esto como premisa, sabrás que puedes estar atándote a situaciones pasadas que terminaron hace mucho tiempo pero aún las traes al presente con tus pensamientos. Si en algún momento tu madre dijo o hizo algo que te causó dolor, ¿por qué revivir esa sensación hasta tu vida adulta? ¿Qué puede dañarte más, lo sucedido o tus propios pensamientos?

2. Valora el presente: Una vez que dejas atrás el pasado, el camino por recorrer implica vivir de la mejor manera posible el presente, ¿estás dispuesta a lograrlo? ¿cómo podrías vivir de la mejor manera el momento actual con tu madre? Sin importar lo lejos que estén o el tiempo que falte para volver a verse, ¿cómo podrías vivir y hacer florecer la relación al máximo? Fortalecer este vínculo será algo positivo para ambas. ¿Qué esperas?

3. Acepta y agradece: Todo lo que sucedió antes te ha formado como la persona que eres hoy en día. En ti estará recordar lo bueno, lo positivo o aferrarte al dolor. Piensa en los momentos más especiales que pasaste con tu madre o alguna figura materna en el pasado, cierra tus ojos, disfrútalos nuevamente y piensa si es eso lo que quieres traer al presente para potenciar tus logros y fortalecerte o si prefieres vivir aferrada a lo que te causó daño. Si tu madre está viva, aprovecha para recordar con ella los buenos momentos y agradecerle por sus cuidados, protección, amor, enseñanzas y cuidados.

El perdón es la puerta hacia el amor

Cada situación es única, al igual que cada realidad y aunque parezca sencillo recomendar vivir el presente y visualizar buenos momentos, hay experiencias y percepciones tan complejas que requerirán de un trabajo adicional y del paso del tiempo para dejarse atrás.

– Puedes comenzar por tener la certeza de que sea lo que sea que haya sucedido te ha hecho más fuerte y más capaz de superar no solo eso, sino cualquier otra situación que se te haya presentado.

– Recuerda que cada realidad o experiencia llega cuando estás lista para vivirla; solo al estar lista, se presenta el maestro y tu madre por definición ha sido una maestra para ti.

– Amarte es un aprendizaje constante y si tuviste desafíos en edades tempranas, requerirás de un mayor trabajo para reforzar tu amor propio. Perdonar en este punto es esencial y para ello será de gran ayuda recordar todo el amor, atención, dedicación y cuidado que recibiste de tu madre y seres queridos.

– Si no estás lista para retomar o mejorar la relación con tu madre por cualquier circunstancia, si ya no está en este plano, o no llegaste a tener una figura materna en tu vida, honra a cada mujer que haya sido tu maestra y que te haya brindado alguna enseñanza, con una oración, meditación o visualización. No hay una receta para esto y si prefieres algo más práctico, ayudar a una madre que tenga alguna necesidad en especial será también una manera de agradecer lo bueno que has recibido, comenzando por el regalo de la vida que solo una persona te ha dado: tu madre.

Trasciende a tu “niña herida”

Con el tiempo, integrarás a tu mujer adulta con tu niña. Una vez que lo logras, puedes mirar más allá e incluso preguntarte por el proceso y momento de vida de tu madre, ¿qué la llevó a actuar de determinada manera? ¿Qué marcó sus decisiones? ¿Cómo es su relación con tu abuela? Hablar sobre estoy escucharla si ella está dispuesta a compartirlo contigo, sin duda te dará otra perspectiva sobre ella y sobre su relación como madre e hija. Trascender el dolor te permitirá mirar más allá de tu propia postura en la que por culpar a otros, no lograste ver sus propios dolores y cicatrices. Las heridas sanan, te dan fortaleza y te permiten apoyar a otros en su proceso de crecim

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