¡Descubre tu propia voz!

¿Alzas tu voz y expresas tus opiniones pase lo que pase, o te quedas callada por miedo a defender tus puntos de vista?

A veces, no nos gusta ni siquiera el sonido de nuestra propia voz y nos preguntamos por qué no nos escuchan o no aceptan nuestras opiniones. Te dejo algunas reflexiones:

– ¿Cada cuánto tiempo alzas tu voz para expresar lo que piensas?

– ¿Te quedas callada por complacer a los demás?

– ¿Hablas sin parar cuando estás con otra persona, sin detenerte a escuchar sus opiniones o feedback?

Solo tú puedes saber por qué se da la distancia entre lo que piensas y expresas. Sea cual sea el caso, puedes cambiar el chip y dar la vuelta a la tortilla en cualquier momento, para dejar de disfrazar lo que piensas y ser transparente al comunicar tus ideas y sentimientos.

 

¿Dices lo que piensas?

La dualidad entre lo que quieres decir y el temor a las consecuencias de tus palabras puede estar presente en cualquier contexto. ¿Qué te limita a expresar lo que sientes o piensas? Las razones pueden ser muchas:

– Temor al juicio o al rechazo.

– Evitar herir a los demás.

– No te conoces o te sientes insegura con tus ideas u opiniones.

 

Encuentra tu propia voz

Cualquiera que sea tu caso, considera que solo al estar a gusto lo que piensas, sientes y expresas, serás capaz de transmitir ideas claras, sinceras y de comunicarte con la palabra clave: asertividad. ¿Cómo lograrlo?

Paso a paso. No te vuelvas una rebelde sin causa de la noche a la mañana, porque ser intransigente no te llevará a ninguna parte. Revisa qué sientes cada vez que no dices lo que piensas, cuando te quedas callada o dices verdades a medias, y pregúntate por qué lo haces. Esto te ayudará a trabajar en ese punto con la ayuda de un coach o terapeuta, si es necesario.

Negocia con los demás. Si no estás de acuerdo con algo y consideras que puedes llegar a un acuerdo, expresa claramente lo que no te gusta; paralelamente, busca puntos de encuentro para llegar una solución o conclusión que sea justa o conveniente para ambas partes.

Haz peticiones asertivas. Revisa cómo das una instrucción, aunque sea sencilla, o de qué manera comunicas lo que deseas. Puede que bajes la cabeza, lo pidas y sientas pena al hacerlo, o bien que uses frases como “disculpa”, “si puedes”, “si no es molestia”. ¿Por qué asumir que molestas a los demás? Todo lo que deseas o requieras es válido y no tienes que disculparte por eso.

Habla con todo tu cuerpo

Tener una voz propia va más allá de las palabras, se trata de hacer cambios simples que te lleven a expresarte con todo lo que tienes y a mostrar tu verdadero poder personal:

– Levanta la voz si hablas muy bajo, sin gritar.

– Revisa tus gestos y úsalos con inteligencia para complementar tu discurso.

– Asegúrate de mirar a los ojos a los demás y aplica la economía del lenguaje: menos, es más, solo elige las palabras apropiadas y hazte responsable por ellas.

El cambio es paulatino y quizás no pases a expresar tus opiniones con total franqueza de la noche a la mañana. Sin embargo, si aplicas estos cambios sencillos, ten por seguro que transformarás tu manera de comunicarte y expresar tus opiniones. ¿Qué esperas?

 

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