Para cambiar de perspectiva es necesario salir de la zona de confort, solo recuerda que la transformación debe ser tanto interna, como externa

La ruta hacia los sueños no necesariamente se hace en línea recta, sin baches ni desvíos. Por lo general, la llegada a ese lugar llamado “destino” es un viaje con altos y bajos, en el que la única constante es el cambio.

Sin esos picos o movimientos, lo que queda es el estancamiento, bien sea en la zona de confort o simplemente en la manera de mirar la realidad. ¿Te has preguntado de qué manera trazas el camino hacia tu destino? ¿El trayecto es invariable o te amoldas a las circunstancias?

Cambio de perspectiva

En ciertas ocasiones preferimos elegir los lentes de un optimismo permanente en el que “todo está bien” o por lo contrario, nos vamos a los opuestos y nos dedicamos a cuestionar o buscar cambiar la realidad, sin detenernos a mirar lo bueno que nos brinda cada momento, o simplemente a dedicar unos minutos para agradecer por un nuevo amanecer, por la presencia de nuestra pareja, amigos, familia, o simplemente por la posibilidad de hacer uso de nuestros cinco sentidos. Lo cierto es que ninguno de los dos extremos es el más sano ni el que brinda mayor bienestar. ¿Qué sucede cuando miras la realidad desde otra óptica y te das cuenta de que quisieras cambiar en un instante lo que parecía perfecto? ¿Te atreverías a transformar tu mundo y a dibujar una nueva realidad desde cero”?

 

Moverte de lugar

Cuando decides transformar tu realidad, si bien una manera de hacerlo es a través de un viaje o mudanza, también se trata de modificar cualquier resistencia interna que tengas a tu propia evolución y a la manifestación de tu poder personal. Solo desde ese punto podrás dar el primer paso, tanto en el plano físico, como en tu mundo interno. ¿Ya sabes cómo integrar ambas áreas?

 

Decisión de cambio

Cuando finalmente te mueves del lugar que has ocupado hasta el momento en que decides cambiar, te das cuenta de que la decisión responde a una motivación interna de tu esencia, no a lo que dicen los demás, ni a realidades o conflictos externos. Si tienes dudas de hacer ese viaje, probar suerte en otro país, en una nueva casa o en otro trabajo, vale la pena que te hagas algunas preguntas.

 

¿Realmente quieres hacerlo? Aunque la pregunta parezca tonta y hasta inoportuna, aún si ya compraste tu pasaje o entregaste la carta de renuncia en el empleo que has tenido por años, es válido reconfirmar si estás segura de tu decisión. Siempre podrás rediseñar tu realidad si realmente así lo quieres.  

 

¿Para qué quieres cambiar? Y aquí no se vale decir que estás “cansada de lo mismo”, “todos lo hacen” y es hora de “probar algo diferente”, en especial si estás tomando una decisión trascendental. Pregúntate cuál es la verdadera motivación de tu decisión y qué esperas alcanzar una vez que te animes a dar el primer paso.

 

¿Cómo afrontarás las consecuencias? En este punto, tanto el lente del optimismo como la capacidad de medir riesgos quedan separados por una línea muy delgada. Si bien todo puede resultar exactamente como deseas, no necesariamente tendrás los resultados esperados. ¿Estás preparada para moverte en ambos escenarios? 

 

Planifica tu nueva realidad

Aunque puede que los resultados de tu decisión no sean exactamente los que esperas, es tu responsabilidad trazar el plan de acción para conquistar nuevos retos. Sin embargo, una vez que pongas en marcha tu hoja de ruta, todo puede cambiar de la noche a la mañana, por lo que la flexibilidad será tu mejor aliada.

 La clave de los cambios está en hacerlos desde una motivación real que venga de ti y de tu esencia, asumir el compromiso de ir por ellos y afrontar las consecuencias de tus decisiones. Pregúntate si estás tomando la decisión porque en verdad así lo deseas, aunque los cambios parezcan radicales; planifícate (un life coach puede ser un gran aliado para tus planes) y explora los nuevos rumbos que anhelas para tu vida. ¡Adelante!

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